Adultos mayores al volante: ┬┐peligro?

Miércoles, 01 de Junio de 2016

Canal: Envejecimiento y vejez

Ricardo Iacub*

El marcado envejecimiento poblacional, las mejores condiciones de salud y una actitud proactiva de los adultos mayores llevan a que encontremos cada vez más conductores de edad y con una creciente molestia frente a la idea de tener que dejar de manejar.

Lo que nos lleva a la pregunta: ¿cuál es el momento para dejar de manejar? ¿Tiene que ver con una edad o con condiciones de salud? ¿De qué maneras detectamos las limitaciones? ¿Es factible mejorar esta capacidad?

Seguir conduciendo un automóvil se asocia con la posibilidad de desplazarse, viajar, comprar; lo que redunda en un control de la vida cotidiana y una identidad valorada. Así como, dejar de conducir, especialmente en los varones, puede generar síntomas depresivos, implicando una pérdida de autonomía y seguridad.

Sin embargo, del otro lado se requiere el cuidado de la seguridad vial y es allí donde nos preguntamos cuáles son las dificultades de este grupo de edad.

Las estadísticas nos muestran que las capacidades se modifican a lo largo del tiempo y que no siempre los accidentes son los mismos, ni tampoco se deben a factores asociados con la edad. Sabemos que los varones jóvenes son los causantes y víctimas de los principales accidentes de tránsito, la mayor parte de las veces no por falta de capacidad sino por una desacertada expresión de masculinidad. Por otro lado, entre los 60 y los 75, se producen dificultades en los giros a la izquierda, en las ubicaciones y cambios de carril o pequeños roces en el estacionamiento, debidos a dificultades en la atención múltiple o en la precisión sensorial, pero sin que constituya un aumento en los accidentes.

Luego de los 75 sí aparecen errores más graves que llevan a que las estadísticas de accidentes se acerquen en gravedad y superen en frecuencia a los más jóvenes. De todas maneras, la edad en sí misma no es un criterio invalidante y lo apropiado es considerar las condiciones psicofísicas.

Entre las causas más habituales se encuentran los problemas de la vista, el oído, la fuerza muscular o la ingesta de medicamentos, los cuales además de su asiduidad, resultan más fáciles de detectar cuando se otorgan las licencias de conducir.

Sin embargo existen factores cognitivos, como la capacidad de concentración, el aumento del tiempo de reacción, la coordinación visomotora o la resistencia a situaciones de estrés en el manejo, que pueden ser poco medidos o muchas veces no se utilizan estudios específicos para evaluarlos.

Los cambios en la cognición no se asocian necesariamente con perfiles patológicos, sino con variables esperables en el proceso de envejecimiento, como una menor capacidad de respuesta ante estímulos múltiples y de inhibición de distractores, o mayor lentitud para decidir maniobras ante situaciones complejas que pueden dificultar o surgir durante el manejo.

Las pruebas de conducción deberían adaptarse a una realidad más compleja que tienda a facilitar el mayor tiempo posible el manejo, sin descuidar los parámetros generales de la seguridad vial. Por ello sería factible contemplar la concesión de licencias que permitan manejar de día y no de noche, evitar el acceso a sectores de alto transito, limitar de velocidad, etc., como muchas veces se realiza con los principiantes. Factores que no limitarían necesariamente la capacidad total de conducción sino la posibilidad de adaptación a los variados recursos.

Como con la memoria, que hasta hace poco tiempo suponíamos que poco se podía hacer, hoy han aparecido técnicas para el mantenimiento y desarrollo de recursos cognitivos que van desde variadas actividades intelectuales y hasta adaptaciones físicas. De la misma manera, hoy es posible ejercitar las diversas capacidades que intervienen en el manejo a través de ejercicios cognitivos y realizar ajustes del automóvil en función de los recursos físicos del conductor.

La evaluación y el entrenamiento de habilidades en la conducción tiene como objetivo conocer, visualizar y valorar las dificultades y los recursos existentes a través de un estudio del conductor y su capacidad de manejo. Se seleccionan alternativas que eviten la sobrecarga de estrés o cansancio producida ante deficiencias sensoriales y cognitivas, como no manejar en ciertas zonas o detectar los síntomas de cansancio o embotamiento. Se busca entrenar estrategias que vuelvan más eficaz la atención a múltiples señales y aminorar los niveles de estrés, y se compensan las limitaciones a nivel de la concentración evitando distractores, algunos tan sutiles como escuchar la radio o conversar. Se acompaña a la persona para que ajuste el manejo a “sus actuales recursos físicos y cognitivos” los que no resultan estandarizables para toda persona de cierta edad.

La inclusión de los mayores es un desafío que requiere de la adecuación de la sociedad y de los individuos en pos de una calidad de vida que, de cumplir los años suficientes, nos alcanzará a todos.

*Ricardo Iacub es psicólogo, especialista en Adultos Mayores.

Fuente: Clarin - 26/5/2016.
http://www.clarin.com/opinion/Adultos-mayores-volante-peligro_0_1583241770.html