Uruguay. Menores que viven en el INAU enseñan en Maldonado a un grupo de adultos mayores cómo usar una computadora

Viernes, 03 de Julio de 2015

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Es sabido que uno de los beneficios de la tecnología es mejorar la comunicación entre personas, sobre todo, entre largas distancias. Sin embargo, en Maldonado, la tecnología logró mucho más que eso. Acercó a personas que están a pocos pasos.

Por Lucia Núñez
El Observador
23 de junio de 2015

Desde hace casi un mes, un pequeño grupo de jubilados se prepara para recibir las tabletas que el gobierno comenzó a entregar la semana pasada a través del plan Ibirapitá. Lo particular de esta experiencia es que sus maestros son jóvenes de entre 14 y 17 años que viven en un hogar del INAU.

En abril, la biblioteca José Artigas ubicada en la Casa de la Cultura de Maldonado participó de un concurso patrocinado por Antel, la Biblioteca Nacional y Beyond Access para incorporar un Centro de Inclusión Digital. Al ser una de las diez seleccionadas, la biblioteca adquirió ocho computadoras para el uso público y dos para la gestión de la propia institución.

Durante la inauguración del nuevo centro, el vínculo profesor–maestro surgió de manera espontánea entre los protagonistas, contó a El Observador la subdirectora general de Cultura de la intendencia, Beatriz Fagúndez. De inmediato, los "abuelos" se sentaron ante las pantallas pero, ante su falta de conocimiento, acudieron a los jóvenes en busca de ayuda. Ese hecho tan simple dio lugar a una experiencia que, sin saberlo, se repetiría cada semana.

Todos los lunes de 11 a 12 horas, una camioneta contratada por la intendencia levanta a los "estudiantes" en el Centro Diurno al que asisten de 8 a 14.30 horas. La gran mayoría llega al lugar por denuncias realizadas por asistentes sociales o vecinos al ver que viven en situaciones de vulnerabilidad. En el centro, participan de actividades recreativas y didácticas (como yoga, canto, tejido, pintura) y también reciben alimento. De ellos, solo participan de las clases de computación los que lo desean.

Por otra parte, los "maestros" son adolescentes que viven juntos en un hogar del INAU. Ellos también participan de manera voluntaria a la clase de los lunes. Incluso se turnan cada semana, de modo que siempre haya alguno disponible para dar clases a los jubilados.

La clase se desarrolla a partir de la curiosidad de los adultos. Recetas, artesanías, noticias. Todos estos temas son buscados en Google por los adultos alumnos que, apenas llegan a la biblioteca, comienzan a teclear con lentitud. Según Fagúndez, suelen buscar información relacionada a lo que hacen en su vida diaria, como ver paisajes para usar como modelo de pinturas al óleo. Aun así, otros son más soñadores y aprovechan la hora para ver videos en youtube de lugares lejanos como el Congo, o fotos de motocicletas Kawasaki y autos Ferrari.

"¡Mirá a quién tengo en Facebook!", grita una de las mujeres mientras se arregla los lentes. Es la más "avanzada del grupo", contó a El Observador Luis Rodríguez, uno de los "profesores" de 15 años. Para él, lo más fácil es guiarlos en la búsqueda de internet, pero lo más difícil es hacerlos usar el mouse. "Dicen que no les gusta. Pero todo se aprende en la vida, eso pienso yo", agregó.

Como abuelos y nietos
Cuando comenzó las clases, Rodríguez dijo sentirse nervioso. "Ellos son diferentes. Les hablás en nuestro lenguaje y no entienden. Tenés que usar más especialidades", agregó. Aunque cree que como maestro sería un "desastre", lo cierto es que sus alumnos lo adoran. Tanto así que una de ellas, Gloria Beledo, le regaló un cuadro de un faro pintado por ella misma.

"Lo miro todos los días cuando me levanto. No sé cómo hace. Yo le enseñaría de electrónica y música, pero no de eso. Es mi ídola", contó. Luego de ese regalo, Beledo y Rodríguez dejaron de ser alumna y maestro para convertirse en abuela y nieto. Según Fagúndez, esta es una actitud que se está haciendo común entre los participantes, al punto de cada uno tiene un nieto y abuelo asignado. "Incluso están planificando para juntarse los miércoles en el centro a jugar a la lotería", agregó.

Mientras que los jubilados del centro acostumbran a estar muy solos, los jóvenes no tienen vínculos parentales como el de un padre o abuelo. Sin embargo, la experiencia de enseñanza permitió que se generara entre ellos un vínculo familiar. "La informática, la computadora, todo es una excusa para completar la carencia de afecto de las dos partes. Esto es la verdadera inclusión", dijo.

Ante el cambio de administración, Fagúndez dijo que no sabe si se continuará con el curso en los próximos años. "Esperamos que continúe y se profundice para que esta idea se pueda replicar incluso en otras intendencias, porque los frutos que ha dado en referente al relacionamiento de estas personas es muy importante. Son dos generaciones que necesitan complementarse, y esto lo logró", concluyó.

Disponible en:
http://www.elobservador.com.uy/jovenes-maestros-n655335