Colombia. Abuelos que enseñan a reciclar ganaron 'Premio por una Quibdó Mejor'

Lunes, 14 de Abril de 2008

Canal: Aprendizajes y Experiencias

El Tiempo.com
27/03/2008.


La Cooperativa de Trabajo Asociado de Recicladores Unidos por Quibdó (Coopruq) opera en las calles de ocho barrios de la capital chocoana.

El 'Premio por una Quibdó Mejor' fue creado por la Dirección de Responsabilidad Social de EL TIEMPO y las fundaciones Plan y Corona, para resaltar las iniciativas de la comunidad. El año pasado acogió a Quibdó, para lo cual contó con el apoyo de la Universidad Tecnológica de Chocó y Comfachocó.

Coopruq recibió 5 millones de pesos. La Paila de Mi Abuela, segundo puesto, y la Fundación Casa Hogar Nuestros Sueños, tercer puesto, obtuvieron 3 millones de pesos y 2 millones de pesos, respectivamente.

Primer puesto: Abuelos que enseñan a reciclar

José Becerra es alto, afrodescendiente y musculoso a pesar de ser catalogado 'de la tercera edad'. Tiene 68 años y fue constructor de carreteras, cotero, celador y hoy es reciclador. Una labor que le da para ayudar a mantener a los nietos.

"Uno solo le saca el cuerpo a algo mal habido", dice para explicar por qué persistió en la Cooperativa de Trabajo Asociado Recicladores Unidos por Quibdó.

Laurentina Ortiz, al igual que José, probó con diferentes labores para mantener a sus cuatro hijos, antes de llegar a su actual oficio.

Hace once años, la Red de Seguridad Social los llamó junto a otras personas para que participaran en un proyecto de reciclaje. Los contrataban por 90 días con 144 mil pesos cada mes. Después contrataban a otros.

"Queríamos tener un empleo fijo y no estar rotando -cuenta ella- por eso pedimos a Pandora que nos ayudara a crear un proyecto". Lo presentaron a la Red de Seguridad Social y al Municipio, que les dieron en préstamo una bodega y un capital inicial.

Hoy, de los 51 que comenzaron están 10. Tienen un pequeño camión y carritos de madera con los que recorren las calles de ocho barrios. "Nos dicen bulla porque enchufamos el megáfono al camión y gritamos: reciclaje, reciclaje", cuenta Laurentina.

Segundo: La Paila de mi Abuela

No tuvieron que pensarlo mucho. Después de haber dado un par de nombres se decidieron por La Paila de Mi Abuela.

"Era sonoro y mostraba la tradición de la comida chocoana", recuerda Anny Raquel Córdoba, la primera administradora de este novedoso restaurante.

Ella se refiere a la propuesta que hace cinco años elaboró con sus compañeras de la Red Departamental de Mujeres Chocoanas.

"Pensamos en un proyecto productivo que nos diera ingresos para sostener la Red, así que se nos ocurrió montar un sitio en el que se vendiera comida chocoana y también algunas artesanías elaboradas por nuestras mujeres, así, además, promovíamos nuestros valores culturales", explica Teresa Ochoa, líder de la iniciativa y miembro del equipo coordinador de la Red.

Arroz con longaniza, bacalao, doncella, guagua y atoyado son algunos de los platos que se venden, de lunes a domingo, en este restaurante que es atendido por mujeres, la gran mayoría cabeza de familia.

"El 67 por ciento de los hogares de Quibdó tiene esa característica", explica Teresa.

Gloria Mosquera, por ejemplo, sigue cocinando y muestra una gran sonrisa cuando se le pregunta por el papá de sus cuatro hijos. "Nos separamos y colabora cuando puede", dice.

La Red ha tenido como objetivo, desde que se creó en 1992, capacitar a las mujeres chocoanas para que ayuden al desarrollo del departamento. De igual forma, busca construir relaciones de equidad entre hombres y mujeres.

Tercer puesto: Vecinas que ayudan a soñar a los niños


Hace tres años, Milis Moya y sus vecinas dejaron de quejarse sobre la grave situación por la que pasaban los niños de su barrio y decidieron hacer algo.

El Reposo, donde vive Milis desde que llegó en 1997 desplazada de Bojayá (Chocó), es un sector humilde, con calles en tierra y una gran cantidad de casas fabricadas en madera. La mayoría de sus habitantes son desplazados como ella y, también como ella, empleados informales.

En una pequeña casa, dada en comodato por una mujer de Medellín de buen corazón, el grupo que coordina Mili (13 mujeres y un hombre) cuida a 250 niños, mientras que sus padres rebuscan el diario en oficios varios.

"También tenemos la idea de que los niños se queden a dormir con nosotros para que las mamás que trabajan en casas de familia los recojan el domingo y ellos no estén so-los por las noches", explica Milis. Hoy cuidan a los menores de lunes a viernes, de 7 de la mañana a 4 de la tarde.

Casa Hogar Nuestros Sueños, como estas personas llamaron al proyecto, ha logrado combatir la desnutrición y la explotación sexual en la zona.

Con ayuda del Programa Mundial de Alimentos, Acnur, la Cruz Roja, la Fundación Plan, el Icbf y la Universidad Tecnológica del Chocó el proyecto ha cumplido el sueño de no ver a niños deambulando solos.