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Vivir-envejecer y ser persona vieja con derechos y sin violencias

Jueves, 16 de Junio de 2022
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Elisa Dulcey-Ruiz

(Cepsiger)

 

A propósito del Día mundial de la toma de conciencia del abuso y maltrato en la vejez
(15 de junio), establecido por la Organización de Naciones Unidas (ONU), desde finales del 2011, surgen simultaneamente dos inquietudes: (1) darnos cuenta de que cada día las personas viven más tiempo; y (2) preguntarnos si ese vivir más tiempo, quiere decir, para todas las personas, vivir en condiciones de vida dignas y disfrutando del respeto y reconocimiento de sus Derechos Humanos.

Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), entre 2010 y 2030, la cantidad de personas mayores de 60 años se duplicará en esta región… Ese incremento significa que, en 2050, el porcentaje de personas con más de 60 años en la región, llegará a ser del 25% (CEPAL, 2019).

En 2018, por primera vez en la historia, las personas de 65 años o más superaron en número a los niños menores de cinco años en todo el mundo. Se estima que el número de personas de 80 años o más se triplicará, de 143 millones en 2019 a 426 millones en 2050 (ONU, 2019)

Vale la pena tener en cuenta que quienes en el 2050 sean mayores de 60, 80, 100 años, ya nacieron y están viviendo entre nosotros, como nos lo solía recordar, con razon, José Olinto Rueda, quien fuera uno de los más detacados demógrafos colombianos… Entonces, si quienes hoy son niños, jóvenes y adultos no mueren antes, llegarán a vivir la vejez, a ser mayores de 65, 80 y más años.

Por otra parte,

Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) una de cada seis personas mayores de 60 años sufre abuso. Eso significa que casi 141 millones de personas en todo el mundo. Este número puede ser mucho mayor, ya que el abandono, el abuso y la violencia hacia las personas mayores se encuentran entre las violaciones de los derechos humanos más ocultas y menos representadas (https://www.un.org/development/desa/ageing/news/2022/05/weaad-2022/).

Esto nos lleva a recordar que también un 15 de junio (de 2015) la Organización de Estados Americanos (OEA) consideró necesaria y aprobó la Convención Interamericana sobre la protección de los Derechos Humanos de las personas adultas mayores. Su propósito: “promover, proteger y asegurar el reconocimiento y el pleno goce y ejercicio, en condiciones de igualdad, de todos los derechos humanos y libertades fundamentales de las personas mayores, para contribuir a su plena inclusión, integración y participación en la sociedad” (https://www.cepal.org/)

Cabe, en todo caso, la duda acerca de si vivir más años implica vivir en mejores condiciones y con mejores tratos. Quizá por esto y no en vano, desde la segunda mitad del siglo XX la ONU ha venido llamando la atención acerca del cada vez mayor envejecimiento de la población, y de considerarlo, actualmente, como una de los hechos carácterísticos del presente siglo XXI. Revisando un poco dicha trayectoria, interesa recordar que ya en la década de 1960, Naciones Unidas inició conversaciones orientadas a organizar una “Asamblea Mundial sobre la vejez”. No tardaron, sin embargo, en darse cuenta que la pregunta por el proceso del vivir-envejecer resultaba más necesaria e importante que el preguntarse solamente por la vejez, cuando se ha vivido comparativamente más que el resto de la población. Se realizó, entonces la Primera Asamblea Mundial sobre el envejecimiento (Viena, Austria, 1982). Interesante es recordar que desde cuando esta se anunciaba, había surgido ya la pregunta por el envejecimiento en la pespectiva del año 2025. A la vez, en una de las recomendaciones del Plan de Acción Internacional de Viena sobre el envejecimiento (1982) se afirma:

Una prioridad importante de todos los países es la de cómo asegurar que sus amplios esfuerzos humanitarios a favor de las personas mayores no conduzcan al mantenimiento pasivo de un grupo de población cada vez mayor, marginado y desilusionado… (Recomendación para la acción 32).

Dicho Plan de Acción Internacional de Viena (1982) llama la atención de los formuladores de políticas, educadores e investigadores, medios de comunicación y opinión pública, acerca de la necesidad de comprender que el cada vez mayor envejecimieno de la población no significa solamente necesidad de protección y prestación de servicios, sino además, tener en cuenta la importancia de estimular la participación activa de las personas adultas mayores en la sociedad. En tal orden de ideas afirma:

Es muy posible que un día las propias personas de edad, con la fuerza proveniente del aumento de su número e influencia, obliguen a la sociedad a adoptar un concepto de la vejez positivo, activo y orientado hacia el desarrollo. La conciencia colectiva de ser anciano, como concepto socialmente unificador, puede convertirse así en un factor positivo (Recomendación para la acción 32).

 

Veinte años más tarde de la Primera Asamblea, se realizó en Madrid, España la Segunda Asamblea Mundial sobre el envejecimiento. El Plan de Acción Internacional sobre el envejecimiento (Madrid, 2002) destaca la necesidad de “cambiar actitudes, políticas y prácticas, a todos los niveles y en todos los sectores, para que puedan concretarse las enormes posibilidades que brinda el envejecimieno en el siglo XXI” (Introducción, numeral 10). Y entre sus recomendaciones prioritarias enfatiza:

(I) Las personas mayores deben participar plenamente en el proceso de desarrollo de sus países y comunidades, y tener, sin excepción, la posibilidad de beneficiarse de dicho desarrollo.

(II) “Los beneficios de una larga vida saludable deben ser compartidos por toda la humanidad”… “Promover la salud supone estimular a las personas a vigilar y mejorar su propia salud”, a la vez que mejorar la salud pública y el acceso a la atención adecuada y oportuna en salud. Igualmente, reducir el riesgo de sufrir enfermedades y posible dependencia en la vejez.

(III) Propiciar entornos físicos y sociales que favorezcan condiciones de vida con calidad: vivienda y entornos accesibles y amigables, acordes con costumbres y preferencias personales. Esta prioridad incluye la prevención y evitacón de malos tratos y de violencias estructurales, físicas, psicológicas, emocionales, financieras… que pueden darse en todos los contextos sociales, económicos, étnicos, geográficos… (Plan de Acción de Madrid sobre el envejecimiento, 2002).

Al cumplirse, en este año 2022, cuarenta años de la Primera Asamblea mundial sobre el envejecimiento (1982) y veinte años de la Segunda (2002), más que preguntarnos por la eventual realización de una tercera Asamblea Mundial sobre el envejecimiento, interesan otros interrogantes: ¿cuál es hoy el balance realista e incluyente (que vaya más allá de los promedios), acerca del cumplimiento de lo expresado en recomendaciones, orientaciones y compromisos sugeridos en la primera y segunda Asambleas? ¿Qué tan cerca estamos hoy de la posibilidad de lograr sociedades para todas las edades?

Finalmente, y en coherencia con lo hasta aquí planteado, conviene tener en cuenta que la misma Resolución de Naciones Unidas que en su artículo 21 designó 15 de junio como Día mundial de toma de conciencia del abuso y maltrato en la vejez,

alienta a los Estados Miembros a que superen los obstáculos a la aplicación del Plan de Acción de Madrid, formulando estrategias que tengan en cuenta la trayectoria vital de la persona, en su totalidad, y fomenten la solidaridad intergeneracional con objeto de incrementar la probabilidad de obtener mejores resultados en los años venideros. (Resolución A/RES/66/127, 2011).

 

Elisa Dulcey-Ruiz

www.cepsiger.org

Bogotá, 15 de junio de 2022

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